Quien vivió la época de las consolas recuerda que cada nueva máquina se anunciaba con caja, mando y una pila de cartuchos o discos. El 19 de marzo de 2019, Google se preparaba para entrar en ese mercado de una manera muy distinta. La presentación en la Game Developers Conference, en San Francisco, se fijó para las 14:00 hora de Brasilia, con emisión en directo, y el misterio sobre lo que la empresa había creado era grande.
Había dos apuestas sobre la mesa. Una hablaba de una plataforma en la nube, que ejecutaría los juegos en los servidores de Google y enviaría la imagen por streaming. La otra hablaba de una consola con una potencia parecida a la de la Xbox One X, la más potente de la época, que ejecutaría los juegos localmente y también por streaming. La primera hipótesis era la más fuerte, por una prueba hecha meses antes: en octubre de 2018, Project Stream dejó que los jugadores ejecutaran Assassin’s Creed Odyssey entero dentro del navegador Chrome, sin descargar nada. Días antes de la GDC, Google también había contratado a Jade Raymond, exproductora de Assassin’s Creed, como vicepresidenta.
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Lo que vino después
La apuesta de la nube ganó. En la GDC, Google reveló Stadia, un servicio de juegos por streaming con resolución de hasta 4K y un mando propio que se conectaba por Wi-Fi directo a los servidores, para reducir el retraso. El servicio se estrenó el 19 de noviembre de 2019, en 14 países. En febrero de 2021, Google cerró su estudio interno, Stadia Games and Entertainment, y el 29 de septiembre de 2022 anunció el fin del servicio, citando baja adopción. Stadia se apagó el 18 de enero de 2023, y Google reembolsó las compras de hardware y de juegos. El mando recibió una actualización para funcionar por Bluetooth. Como en los tiempos del videoclub, solo quedó el mando para contar la historia.
Fuente: Google, vía Eurogamer.







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