Los hechos primero: el 4 de noviembre de 2020, menos de una semana después del lanzamiento de Watch Dogs: Legion, Ubisoft confirmó a Eurogamer que investigaba una posible filtración del código fuente del juego. El material, que circuló por internet, pesaba 560 GB. “Somos conscientes de la alegación del grupo y estamos investigando un posible incidente de seguridad de datos”, dijo un portavoz de la empresa.
El grupo en cuestión era Egregor, una banda de ransomware. Traduciendo la jerga: el ransomware es un programa malicioso que secuestra los datos de un ordenador o de una red y exige un pago para devolverlos. Los grupos de este tipo suelen amenazar con publicar lo que robaron para presionar a las víctimas. En octubre de 2020, Egregor ya había difundido datos que decía haber obtenido de las redes internas de Crytek, creadora de Crysis, y de la propia Ubisoft. La filtración del código de Legion apareció a continuación.
La ironía no pasó desapercibida, y Eurogamer la resumió como “la vida imitando al arte”. Legion es un juego sobre hackers: el grupo DedSec lucha contra el régimen de vigilancia de una empresa militar privada en un Londres futurista, invadiendo sistemas y robando información.
Lo que estaba en juego
En la práctica, una filtración de código fuente tiene dos caras. El sitio DSOGaming señaló que el material podría abrir camino a los mods. El riesgo más serio era que hackers usaran el código para romper las protecciones antipiratería del juego, algo que, hasta ese momento, no parecía haber ocurrido. Para una empresa, el código fuente expuesto también significa herramientas internas y técnicas de desarrollo a la vista de cualquiera.
Lo que vino después
El juego siguió recibiendo actualizaciones: el modo online llegó en marzo de 2021 y la expansión Bloodline, con Aiden Pearce y Wrench, el 6 de julio de 2021. Los cerca de 560 GB de herramientas y archivos de desarrollo fueron señalados como filtrados por hackers.
Dónde comprar
Fuente: Eurogamer.






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