Los hechos primero. En noviembre de 2017, Xbox Game Pass, el servicio de suscripción de Microsoft apodado el “Netflix de los videojuegos”, ofrecía más de 100 juegos para Xbox One. Y los usuarios empezaron a reportar algo curioso: ReCore, uno de los títulos del catálogo, también se podía descargar y jugar en un PC con Windows 10 con la misma suscripción.
Traduciendo la jerga: ReCore forma parte de Xbox Play Anywhere, un programa en el que una compra digital vale para las dos versiones del juego, la de Xbox One y la de Windows 10, con el progreso compartido entre ellas. ReCore fue precisamente el primer juego del programa, lanzado en septiembre de 2016. En el caso de Game Pass, bastaba con entrar en la Windows Store con la cuenta Xbox del suscriptor y descargar el juego en el ordenador.
Esto no fue un accidente. Cuando salió ReCore Definitive Edition, el 29 de agosto de 2017, ya se presentó como el primer juego de Xbox Game Pass en llegar también a Windows 10. La edición traía mayor resolución, soporte para HDR, la nueva aventura “Eye of Obsidian”, el robot T8-NK y mejoras de rendimiento, entregadas gratis a quienes ya tenían el juego.
En la práctica, esto significaba que los próximos juegos de Play Anywhere que entraran en Game Pass podrían seguir el mismo camino. Era un primer paso, todavía tímido, hacia un Game Pass que no dependiera de la consola. Lee también cómo Phil Spencer explicó la elección de los juegos de Xbox Game Pass.
Lo que vino después
Los números cuentan la evolución. El 23 de enero de 2018, Microsoft anunció que todos los nuevos exclusivos de Xbox One de sus estudios entrarían en Game Pass el día del lanzamiento, empezando por Sea of Thieves. En junio de 2019, en el E3, Xbox Game Pass para PC debutó en beta, con más de 100 juegos, junto con el plan Ultimate, que unía consola, PC y Xbox Live Gold. Lo que en 2017 parecía un truco entre bambalinas se convirtió en el centro de la estrategia.
Fuente: Microsoft.






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